LOS comicios del pasado 21 de octubre marcaron el primer retroceso del Bloque Nacionalista Galego en unas elecciones autonómicas desde su fundación en 1982. Hasta esta fecha, los nacionalistas tenían la esperanza de continuar la tendencia positiva. Sin embargo, el 21-O no lo consiguieron. Y por eso, sus dirigentes iniciaron una reflexión sobre las causas endógenas del fracaso que, después de su congreso en la primavera de 2002, puede desembocar en drásticos cambios organizativos. Entre ellos se situará una renovación del liderazgo, a pesar de los reacciones internas contrarias manifestadas últimamente.
Es muy probable que uno de los motivos claves del relativo fracaso del
BNG haya sido que los nacionalistas no han convencido al público gallego de que es una alternativa viable al Partido Popular: mucha gente no piensa en el Bloque como una fuerza para toda Galicia sino como una organización radical, demasiado a la izquierda, básicamente anti-constitucional y controlada por un colectivo interno mucho más maximalista que la imagen moderada que los lemas y símbolos incluso pretendían crear.
Si esta percepción está justificada no es el punto más importante. Lo cierto es que el
BNG sigue deseando poder institucional y el aumento de su apoyo electoral. Quiere moderar su imagen y, al mismo tiempo, profesionalizar la organización partidaria. Y por eso, son necesarios cambios. Sobre todo, en el liderazgo. ¿Por qué? Para contestar a esta pregunta sería útil asumir una perspectiva comparada e internacional.
OTROS CASOS DE NACIONALISMO PERIFÉRICO
En muchos otros casos de nacionalismo periférico en Europa se aprecia una pauta general. Normalmente, los partidos nacionalistas son fundados y la idea de la "nación" es politizada por un pequeño y destacado grupo de "empresarios étnicos." Estos empresarios marcan la ideología del movimiento, definen los objetivos del partido y atraen seguidores incondicionales. Son indisciplinados, carismáticos, controvertidos, inspiradores, brillantes intelectualmente y, antes de nada, están motivados más por principios que por la propia práctica. Es decir, desempeñan papeles imprescindibles en la evolución del partido. No obstante, pocas veces logran dar a sus partidos un gran éxito electoral.
Por el contrario, los partidos que se han moderado y profesionalizado para conseguir apoyo del electorado y poder institucional han renovado el liderazgo. Cambian los padres fundadores por un liderazgo más profesional, culto, encorbatado, deliberado, menos controvertido y con un comportamiento más reflexivo y con la gran habilidad de influir en el público. Eso es lo que ha pasado en, por ejemplo, el País Vasco con el PNV y en Gales con el Plaid Cymru--el Partido de Gales.
EL CASO DEL BNG
¿Y qué pasa con el
BNG? ¿Ha tenido algunos cambios o, por lo menos, algunas alteraciones del liderazgo? En realidad, muy pocos. De hecho, las personas que han dirigido el Bloque desde la fundación en 1982 son las mismas que siguen en la cabeza hoy en día, como Xosé Manuel
Beiras, Francisco Rodríguez, Bautista Álvarez o muchas otras. Gente que aprendió a hacer política en la clandestinidad de la dictadura. Y aunque se han estado moderando progresivamente, la percepción es que quieren mantener algunas tendencias radicales, algo que el Partido Popular tantas veces ha subrayado en perjuicio de las ambiciones políticas de los nacionalistas.
En cualquier caso, sí el partido quiere superar el "fracaso" del 21-O y situarse más hacia el centro-izquierda debe estudiar la posibilidad de sustituir los fundadores con otras personas más jóvenes y, sobre todo, con perfiles más “catch-all”. Para conseguir esto es necesario tener una nueva generación de militantes jóvenes que puedan asumir cargos políticos. Pero esto es algo de lo que los nacionalistas gallegos carecen en este momento. De hecho, el
BNG presentó los candidatos con la edad más alta de los tres principales partidos en los comicios recientes. Además, los jóvenes de Galiza Nova son, por regla general, más radicales que los líderes actuales. Sin embargo, si el Bloque no desarrolla un grupo de herederos políticos, no renueva su liderazgo y, a través de esto, refresca el nacionalismo político en Galicia, es muy probable que no logre aumentar su porción de la tarta electoral en las autonómicas del 2005. En su favor está que el
BNG es, relativamente, una fuerza política joven y le queda aún mucho tiempo para descubrir la receta electoral que pueda llevarlo al gobierno de Galicia.
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*Sydney Van Atta es una politóloga de la Universidad de Cornell en Ithaca (Nueva York). Prepara una tesis sobre el nacionalismo gallego en relación con el País de Gales.