Julio Ortega Fraile
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Cuando protestar por la tauromaquia puede costar la vida
Julio Ortega Fraile

Domingo, 18 de mayo de 2008
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El pasado 15 de Mayo dos activistas de Igualdad Animal se descolgaron por la fachada de la Plaza de Toros de Las Ventas y desplegaron unas pancartas pidiendo la abolición de esta cruel tradición. Pocos días antes, seis integrantes de Equanimal saltaron a la arena reivindicando también el fin de la tortura y la muerte como método de entretenimiento y negocio. No han sido los primeros actos a tal fin ni serán los últimos. La toma de conciencia por parte de los ciudadanos ante hechos de maltrato animal es una realidad creciente y afortunadamente, son cada vez más los medios de comunicación que anteponen el carácter social y de denuncia en sus informaciones, a los intereses de grupúsculos obcecados en que nada cambie con tal de no ver menguados sus beneficios egoístas, sean palpables o inmateriales.

Hasta hace relativamente pocos años los casos de daño a los animales no eran castigados y ni tan siquiera divulgados; hoy en día, las asociaciones que luchan contra esto ven aumentar su número de afiliados y simpatizantes y hay algunos que empiezan a temblar porque el abandono, las palizas, las peleas, la explotación, la crueldad y demás formas de sometimiento salvaje a los animales están dejando de ser actuaciones impunes. La Ley, lamentablemente siempre a la zaga de la realidad, se adapta lentamente a los deseos y necesidades de una cultura en la que ya va dejando de ser válido que unos cuantos sojuzguen y sometan al resto porque la legislación les confiere inmunidad en sus desmanes. Sin embargo, es lesivo comprobar la parsimonia con que esto ocurre; duele que para que endurezcan La Ley contra el maltrato animal, sea necesario que primero asistamos a casos como el del individuo que mata a palos a su perro, el que acaba con la vida de gatos para orgulloso colgar las fotos con sus trofeos en internet, que haya toros del aguardiente, de fuego, ensogados o alanceados, que tengamos que saber de noticias de perros mutilados en peleas, otros quemados o que les hayan aserrado las patas, escenas de animales de laboratorio con los ojos cosidos, metidos vivos en tubos, con implantes en sus cráneos abiertos o desollados vivos para la industria peletera.

Uno de estos activistas de Igualdad Animal, colgado a dieciocho metros de altura, jugándose la integridad por defender a otros seres que jamás le van a dar las gracias y sin mayor compensación que ser fiel a lo que su conciencia y sus sentimientos le dictan, fue objeto de un intento de asesinato por parte de un aficionado taurino que trató de soltar la cuerda desde la que suspendía para que cayese al vacío. No me extraña ni un poco la actitud de este individuo con instintos homicidas, pues son numerosos los casos de personas que antes de elegir víctimas humanas desataron su violencia contra animales y que nadie se escandalice, la realidad incuestionable es que este ciudadano, amante de las corridas, al que llena de gozo ver como durante veinte minutos se le causan tremendas heridas a un animal y se le mata después de un modo espantoso, intentó acabar con la vida de un ser humano y hay fotografías que así lo demuestran. Tal vez considere a ambos, activista y astado, merecedores de ser exterminados, el primero porque perjudica sus intereses y el segundo porque le sirve de diversión; en cualquier caso, con su intento de matar a un hombre, no ha hecho más que corroborar como en esta Sociedad se sigue permitiendo y aún a veces fomentando la actitud de seres cuya conducta, asilvestrada, bestial, pancista y energúmena, es una lacra para poder considerarnos un Pueblo civilizado y respetuoso con los derechos.

¿Serán capaces los Poderes establecidos de escuchar las demandas de la mayoría y de actuar en consecuencia, o tendrán que pasar varios lustros para acabar con tanta barbarie?. Ojalá tengamos el valor de enseñar a nuestros hijos que ejemplos como los de estos activistas, son la simiente de transformaciones sociales como las que un día permitieron acabar con la esclavitud, la explotación infantil, la negación del voto de la mujer o la legalidad de las peleas de perros. La gran mayoría de los españoles detesta que en este País se torture y se mate a los toros, como tampoco admite que haya quién esté dispuesto a asesinar a un hombre porque éste defienda y reivindique de forma pacífica la abolición de la tauromaquia. Y jamás puede ser un argumento para justificar su tentativa de homicidio el que no sea legal descolgarse por la fachada de la Plaza; tampoco lo eran muchos actos espontáneos realizados para condenar el vertido del Prestige por ejemplo o pidiendo el fin de cualquier modo de violencia o injusticia y sin embargo, la mayor parte de la gente, sabe discernir entre el tono de un acto pensado para denunciar y llamar la atención sobre determinada cuestión y la gravedad de ésta; pararse en la forma y no en la esencia de la protesta, es negar que el avance en los derechos no sólo del hombre, sinó también de su entorno, nunca ha sido una tarea fácil y que siempre ha habido individuos reaccionarios dispuestos incluso a matar por no perder sus privilegios obtenidos a costa del perjuicio de otros.

  • Enlaces de interés:

    www.igualdadanimal.org
    www.equanimal.org
    www.liberaong.org
    www.latortura.es
    www.actyma.org
    www.antitauromaquia.org
    www.findelmaltratoanimal.blogspot.com

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    COMENTARIOS
    Asunto: Gracias
    Autor: Jose Valle (josev@igualdadanimal.org)
    Comentario:
    Estimado Julio,

    soy Jose Valle, el activista de Igualdad Animal a quien menciona en este artículo en el que narra los hechos del pasado Jueves que a punto estuvieron de costarme la vida. Este tipo, jaleado por la muchedumbre que gritaba "¡Que les corten las cuerdas!" tal y como recogen varios periodistas, intentó por dos veces según se ve en los vídeos, soltar el mosquetón que sujetaba mi cuerda y sólo la intervención de un compañero, Javier Moreno, pudo detenerle. Javier se convirtió así, al salvarme la vida, en víctima de ese tipo, quien le agredió repetidas veces y le convirtió en objeto de su furia. Todos estos hechos han sido denunciados, tanto por agresión como por lo que consideramos que es asesinato en grado de tentativa. Quizás los asesinatos de los seis toros que murieron aquella tarde salgan impunes pero esperamos que con este intento de asesinar a otro animal (humano en este caso) sea diferente.

    Le agradezco mucho su artículo, no por mí, sino por todos esos animales que tampoco podrán darle a usted las gracias. No me cabe la menor duda de que los defensores de las matanzas de animales ofrecerán resistencia ante nuestro avance, pero tampoco me cabe ninguna duda de que nuestra determinación y esfuerzo conjunto logrará lo que todos deseamos.

    Atentamente,
    Jose Valle

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    Respuestas:


    Asunto: Gracias por vuestra valentia
    Autor: Isabel Saez (losgatosdeisa@yahoo.es)
    Comentario:
    Gracias José Valle por tu valentia al descolgarte por la fachada de la plaza de toros de Madrid, espero que algún día no muy lejano todos estos crímenes de seres inocentes sean reconocidos como tales y que acabe definitivamente esta barbarie que la mayoría de los ciudadanos españoles tenemos que soportar con dolor y a la que, además, el gobierno de España nos obliga a contribuir con nuestro dinero para su financiación. Mi agradecimiento tambien al Sr. Ortega Fraile por ser tan valiente al escribir sobre los seres más débiles y desamparados, no solo toros, cualquier otro animal cuyo abandono, maltrato o asesinato queda la mayoría de las veces impune.Sé que el camino es duro y dificil, pero llegará, y cualquier malnacido se lo pensará dos veces antes de hacer daño a un animal.
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    Asunto: Gracias, muchas gracias
    Autor: Zuriñe Goñi (biruroze2pnte.cfnavarra.es)
    Comentario:
    Muchas gracias por arriesgaros entre esa cuadrilla de psicópatas para defender a unos desdichados animales que van a ser cruelmente torturados y muertos para el enriquecimiento de los toreros y empresarios de los toros y para el disfrute de personas que en otros tiempos asistirían a la quema de las brujas en la hoguera o a los circos romanos con el mismo desprecio e indiferencia ante el sufrimiento ajeno. Muchas gracias.
    >Responder a este comentario<

    Asunto: APLAUDO SU VALENTIA
    Autor: MONICA MORENO (sedimisas59_monique@yahoo.com)
    Comentario:
    POR TAL ATREVIMIENTO. ES UNA GRAN ADMIRACION POR TODOS LOS ACTIVISTAS. UN ABRAZO PARA CADA UNO DE USTEDES QUE CON EMOCION Y LAGRIMAS VI EN EL VIDEO.

    Y VAMOS A LOGRARLO,

    HAREMOS UNA MANIFESTACION ANTITAURINA PROXIMAMENTE EN LA CD. DE LEON, GTO MEX. EL 12 DE DIC 2008

    ARRIVA LOS TOROS Y TODOS LOS ANIMALES DEL MUNDO

    UN GRAN SALUDO DESDE CANADA.

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    Asunto: VIVAN LOS ANIMALES Y GENTE COMO ESTA QUE LUCHA POR
    Autor: maite (paulaymaite@hotmail.com)
    Comentario:
    GRACIAS POR METERSE EN ESA PLAZA ATESTADA DE BÁRBAROS Y GRACIAS POR VUESTRO CORAJE Y VALENTIA POR SALVAR A LOS ANIMALES.
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    Asunto: Sin asunto
    Autor: Antonio (apasolini@gmail.com)
    Comentario:
    Gracias per lo articolo en defesa de los animales. E muy importante educar lo publico.
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    Asunto: VIVA EL TORO VEGA SIEMPREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE
    Autor: PERKINSON (kikintramada@gmail.com)
    Comentario:

    LA NÁUSEA COMO TERMOMETRO MORAL

    Los debates sobre la fiesta de los toros y sobre el Toro de la Vega muy en particular van camino de convertirse en una tradición de tanto arraigo como los propios festejos. De unos años para acá las televisiones gustan de organizar, en estas fechas señaladas, programas de linchamiento de lo taurino so pretexto de sesuda discusión intelectual. Y no puede negarse que esta tarea de agit prop da frutos: cada vez hay más personas convencidas de la verdad de hechos que no son ciertos y de la bondad intelectual y moral de argumentos que son como mínimo discutibles.
    El pasado sábado por la noche tuve la oportunidad de presenciar uno de estas polémicas en el programa “La noria”, de Telecinco. Me atrajo la presencia de Sánchez Dragó, que prometía aportar algo de luz, y conocimiento, a la cuestión. Pero no les ocultaré que el verdadero protagonista fue Juan Adriansens. El ex contertuliano de Javier Sardá tuvo la innegable virtud de resumir bien los dos principales argumentos que esgrimen los detractores de lo taurino: la inmoralidad de convertir la muerte de un ser vivo en objeto de espectáculo y/o contemplación, y la infalibilidad de las vísceras como termómetro moral.
    Me detendré primero en este segundo argumento. Como pueden imaginar, Adriansens no lo formuló exactamente así. Pero esa era la idea. Si uno ve a un toro sangrando y se le revuelven la tripas ¿qué más necesita para entender que eso que ve es profundamente inmoral? Como correlato lógico del argumento, el que participa de la fiesta, y no siente tales náuseas, inevitablemente tiene un problema de insensibilidad, que ya no es meramente fisiológico, sino espiritual.
    En estos tiempos de incertidumbre y confusión, no debería extrañar demasiado este recurso a las vísceras, vísceras son, y tienen sus propias reglas. Es posible desmayarse ante la visión de la sangre cuando tela extraen, no digamos nada si contemplas una operación grave, y en muchos otros contextos no necesariamente inmorales. Es más, uno puede sentir náuseas e incomodidad física por muchas otras razones y eso no garantiza la verdad de un juicio moral. Les pondré un ejemplo: los antiabortistas suelen utilizar para sus campañas imágenes tremebundas de fetos destrozados. Como ocurre con los antitaurinos, es dudoso que esas imágenes representen con justicia aquello a lo que aluden, pero ese no es el debate de hoy. Lo que me importa destacar es que su visión inevitablemente conmociona. ¿Deberíamos estar contra el aborto sólo por eso? Otro ejemplo más: Si contempláramos los experimentos que la ciencia realiza con animales es probable que nos estremeciéramos. Pero esa sensación nunca debería sustituir al debate sobre su auténtica utilidad.
    Salvo, claro, que detrás de todo no haya más que eso que muchos expertos denominan “exhibicionismo de la bondad”. “Mirad como sufre mi alma sensible”, parecen proclamar algunos a los cuatro vientos.
    Paso al otro argumento, el de la inmoralidad de convertir el dolor ajeno en motivo de contemplación. A este respecto, lo único que puedo pensar es que esta gente no vive en nuestro mundo, porque basta echar un vistazo alrededor, a la televisión mismamente, para ver películas que convierten en espectáculo el crimen, la guerra, la violación de una mujer, el rapto de unos niños, la catástrofe provocada por un terremoto, o la tragedia de la pobreza. Con y sin muerte real de animales tras la pantalla. A veces, incluso, con muerte real de personas. Y si giramos la cabeza, quizás pudiéramos ver, en nuestro mismo salón, a alguien, niño o adulto, con un videojuego que premia su habilidad para destruir la vida de sus enemigos virtuales. Con preciosos efectos de sangre y de tripas reventadas.
    No parece, por tanto, que nuestra sociedad sea precisamente un ecosistema zen. Más bien, al contrario, a lo largo de la historia ha recurrido muy frecuentemente a formas de representación de la violencia, ora para avanzar en la senda del conocimiento, ora para activar los resortes de la emoción. Por ello, el debate no debería girar tanto sobre la condición de espectáculo de la fiesta, como sobre sus cualidades como tal. Es decir, sobre si puede resultar de algún modo valiosa, o no. Y en ese terreno, desde luego, las asociaciones animalistas no sólo se niegan a entrar por sistema sino que tampoco están dispuestos a dar facilidades para que se produzca la discusión racional. De hecho llevan años saboteando cualquier posible debate serio con afirmaciones falsas y mentiras interesadas, para dar a la realidad, compleja ya de por sí, ese toque extra de salvajismo y depravación que, al parecer, necesitan para despertar conciencias.
    En la página de la Fundación Altarriba puede leerse, por ejemplo, que el Toro de la Vega es alanceado durante horas, con lo que uno puede imaginárselo recibiendo decenas de lanzadas -cuando no cientos, que la imaginación es libre- pese a que el torneo no dura mucho más de 30 minutos, y es muy infrecuente que reciba más de dos o tres. Incluso llega a afirmar esta organización de nombre tan rimbombante que cuando el toro está malherido los tordesillanos le clavan dardos y le arrancan los ojos, lo que es radicalmente falso, pero resulta eficaz para indignar al personal. Hay un público -de inequívoca sensibilidad urbana, al margen del lugar donde naciera o donde viva que está predispuesto a creer cualquier barbaridad que se diga o predique de los habitantes de un pueblo.
    Pero no rehuyamos el debate de fondo. ¿Puede aportar algo valioso una celebración como la que acogerá Tordesillas mañana? Es más, ¿puede defenderse el torneo del Toro de la Vega, cuando muchos pro taurinos -como también se evidenció en el programa de Telecinco- se sienten incómodos con estos festejos populares, rehuyen su defensa, y participan del rechazo general? Algunos seguimos creyendo que sí.
    Es difícil explicar lo que se siente al participar en un rito como el del Toro de la Vega. Porque en realidad son muchas, y paradójicas, las vivencias, Evidentemente, la más intensa es la del lancero que se enfrenta a un animal salvaje y poderoso que puede segarle la vida. Y que lo hace, además, sin percibir remuneración alguna, atendiendo a una necesidad personal y como contribución a una tarea colectiva (mantener vivo un festejo común transmitido de generación en generación). Sin duda muchos consideran esto una prueba más de “salvajismo y barbarie”, por que como todo el mundo sabe, nadie civilizado se jugaría jamás la vida si no le pagan por ello. Por si sirve a alguien, puedo asegurar que los lanceros que yo he conocido son personas sencillas y tranquilas, nobles, no especialmente agresivas, y por supuesto nada sanguinarias. Habrá de todo, pero ésta es mi percepción personal.
    En el otro extremo, otra paradoja: la que protagoniza un público que se limita a ver el toro pasar desde la barrera. Pese a lo fugaz de su vivencia (a veces puede que ni siquiera lleguen a ver al astado, rodeado por caballos y por corredores) su adhesión al torneo es inquebrantable. ¿Cómo entender su afán por estar ahí aparentemente para nada? ¿Por qué acuden en masa a una fiesta en la que se ve apenas nada, pero que genera más oposición que ninguna? Desafío a los amigos de las explicaciones fáciles a que den una respuesta razonable que vaya más allá de los tópicos. Y aconsejo que mediten seriamente sobre ello a los políticos que puedan estar tentados de hacer caso en el futuro a quienes aconsejan replantearse la legalidad del Toro Vega.
    Por cierto y a modo de inciso, %00 manifestantes ayer en Valladolid. Sin coartadas de peligro, ni riesgo de agresiones a manos de los “salvajes” vecinos de Tordesillas, que pasaron de ellos olímpicamente horas antes. Y venidos de todas las partes de España. Y con apoyo de mecenas de Alemania y Holanda. Medio millar. No es como para impresionar, la verdad. Parece éste un caso claro de esa famosa discrepancia entre opinión pública y opinión publicada.
    Pero volvamos a la cuestión. Entre unos (lanceros) y otros (público), los torneantes, que persiguen al animal hasta la vega, para presenciar el momento crucial. Aquí cada cual decide su grado de compromiso y de riesgo, siempre atendiendo a una premisa esencial: en la vega no hay talanqueras, ni barreras, ni plataformas de protección, sólo árboles. Así que el que está allí, está al descubierto. Dependiendo de la mayor o menor habilidad de cada cual frente al toro, unos asumen el riesgo de la primera fila, otros se colocan en la segunda o la tercera, y los demás, la mayoría, nos conformamos con intuir lo que ocurre desde lejos. Escaso futuro tienen los voyeurs en una fiesta donde la ambición de la mirada, que es absoluta, y siempre aspira a verlo todo, se ve sometida al freno de la realidad, obligada a ponderar riesgos y posibilidades: ¿Hasta dónde quiero arriesgarme para ver? No es retórica, no. El año pasado el Toro de la Vega cogió gravemente a un espectador que se acercó demasiado.
    Nada de esto ocurre, por ejemplo, en la civilizada realidad virtual de los videojuegos, que algunos proponen como alternativa más razonable y menos “sangrienta” para quienes, según suponen, están necesitados de emociones fuertes. Pero en la realidad virtual la muerte propia siempre es falsa, la ajena está absolutamente desdramatizada, y el ejercicio de la violencia nunca implica más riesgo, ni más consecuencia, que el fin de la partida.
    Y sin embargo, como hemos visto, la violencia representada nos rodea, e incluso nos asedia cotidianamente. Algún día habrá que empezar a pensar si todo esto no delata que en nuestras sociedades del confort y el progreso existe un déficit preocupante de un cierto tipo de experiencias. Justamente esas que permiten tomar conciencia de la aspereza de la vida, y de nuestra fragilidad, al tiempo que ayudan al hombre a hacerse fuerte frente a ella, y a desarrollar el talante y el carácter personal que permitan afrontarla sin miedo y con confianza.
    El Toro de la Vega en especial, y los espectáculos taurinos populares en general, aportan un contexto que permite afrontar esta cuestión de forma colectiva, engarzada en una tradición cultural que es nuestra, y no por ello despreciable, y, además, reforzando los lazos sociales de la colectividad, y la solidaridad entre seres humanos. Y lo hace recreando esa escena ancestral de las primeras luchas de supervivencia entre el hombre y las bestias.
    Hay que insistir en que este rito nos recuerda que, por encima de cualesquiera diferencias, comos todos miembros de una misma especie, que tiene más opciones de sobrevivir a la adversidad, y de prosperar, trabajando solidariamente.

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